La civilización romana realizó muchos avances tanto en la fabricación como en la aplicación de la cal, expandiendo además estos conocimientos por todo el Mediterráneo. El pueblo romano llegó a conocer con precisión el proceso de fabricación de la cal y seleccionaba las materias primas con gran cuidado, además de estudiar de forma rudimentaria las propiedades de la cal después de haberse calcinado. (Vázquez et al. 1993)

Catón, en “De re rustica” tratado del siglo II a.C., mencionaba el Opus caementicium describiendo la construcción ex calce et cementis.

La introducción de los morteros de cal en la construcción romana, quienes comenzaron edificando según las técnicas aprendidas por las colonias griegas, es poco precisa, aunque se sabe que se utilizó en los dos últimos siglos de la república, es decir durante los siglos II y I a.C. estos se generalizaron y aplicaron rápidamente, destronando a los sistemas tradicionales de mampostería en seco aprendidos de los griegos, tales como el Opus quadratum, Opus Latercium y el Later crudus.

El referente en arquitectura romana y la guía básica para la construcción durante siglos fueron los “Diez libros de arquitectura” de Marcus Vitruvius Polio, traducidos a diferentes idiomas y retraducidos a partir de otras traducciones con más o menos acierto. Se da así el caso de la traducción errónea que realizó Perrault, legando a sus traductores en otros países un error histórico en cadena que tardó años en arreglarse.

Vitruvio (Alberti, 1582) estudió los elementos y técnicas constructivas conocidas en el imperio, así como las órdenes arquitectónicas y el estudio de materiales. Estableció las dosificaciones más habituales, las cuales variaban según la procedencia de la arena: de mina o de río, además de aportar especificaciones sobre la calidad de los materiales a utilizar. Además, mencionaba el empleo de aditivos ya utilizados por otras civilizaciones como las cenizas volcánicas o la chamota, a las que se llamaron puzolanas por el origen de la roca volcánica romana que se extraía de los yacimientos de Puzzoli, Nápoles.

“La arena que se halla junto a Nápoles llamada puzolana es muy propia para la argamasa, mezclada con la cal. No solamente en los edificios ordinarios sino también en el fondo del mar toma cuerpo esta mezcla y se endurece admirablemente.” (Perrault, 1761)

Los romanos experimentaron la adición de arcilla cocida a la cal creando así morteros de cal hidráulica. Debido a sus conocimientos, los morteros romanos tenían una gran calidad, y se utilizaban tanto para cubrir mamposterías de las paredes como de hormigón, utilizando paredes de ladrillos como encofrado y compactando dicho vertido mediante mazas para reducir la cantidad de aire ocluido.

Pese a la leyenda del uso de aditivos tales como las caseínas, los aceites y la albúmina que conferían la excepcional calidad de los morteros romanos, el verdadero secreto era su cuidadosa elaboración, el perfecto cocido de la cal, un buen apagado, la homogeneidad en las dosificaciones y los conocimientos para la realización de una buena ejecución. Todo ello ha permitido que miles de años después permanezcan los monumentos.

Vitruvio estableció especificaciones para el uso de la cal en morteros, enlucidos y carreteras. Se supone que respetando estas especificaciones se construyó la Via Apia, cuyo pavimento de 90cm de espesor, contiene cal en tres de sus cuatro capas. Algunas vías travesaban zonas ricas en piedra caliza, de la que procedía la cal con la que se realizaron las construcciones romanas, como es el caso de la vía que atraviesa la población de Zone, Italia, de gran tradición en la fabricación de la cal.

Pero seguramente la mayor contribución de los romanos a la tecnología de la cal fue la adición a la cal viva de cenizas volcánicas ricas en sílice, con lo cual se obtenía un material que fraguaba bajo el agua, a diferencia de la cal viva sin aditivo que solo fraguaba en contacto con el agua.

Los romanos también utilizaron las propiedades de la cal para revestir los muros de sus edificaciones, tal y como muestran los restos encontrados en Pompeya y Herculano. Vitruvio describió el proceso de superponer tres capas de mortero de cal y posteriormente tres de marmorino o estuco de mármol, posteriormente pintado al fresco o en algunos casos, si el mortero ya había secado, se pintaba in secco mediante témperas. Se sucedieron cuatro estilos en el mundo pompeyano, que se iniciaron con el mimetismo de la sillería helenística y fueron tomando formas murales más decorativas mediante la adicción de frescos y el juego de perspectivas que se conocería posteriormente como trampantojo o trompe d’oeil.

Bibliografía: (Alberti 1582) ; (Arredondo, 1991); (Coloma 2008); (Vázquez et al. 1993); (Gomà 1979); (Camuñas 1980); (Gárate, 1994); (Perrault, 1761); (Adam, 1989)

 

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