Bizancio, o el Imperio bizantino es como se denomina desde el siglo XVIII al Imperio romano de Oriente. Debido a su común origen, la arquitectura bizantina es heredera de la arquitectura romana, así como de la paleocristiana.

Por ello, destaca por su tendencia al uso del ladrillo como material de construcción, a pesar de ser habitualmente revestido tanto el trasdós como el intradós de sus muros. Su innovación más característica fue la cubierta abovedada con su base sobre pechinas.

Tanto en la construcción de muros de fábrica como de bóvedas los bizantinos utilizaron gruesas llagas de mortero que se conservan en la actualidad, a pesar de haber sido construidas entre los siglos III y XIII. Para la confección de dichos morteros se utilizaba, además de agua, cal y arena, polvo de ladrillo además de fragmentos de un centímetro de diámetro. El resultado era un mortero de aspecto rugoso, aplicado en capas de 3 a 4 centímetros. Para evitar los asientos se añadía al mortero piedras del mismo grosor que éste, distribuyendo así las presiones y eliminando los asientos que se pudiesen producir antes del fraguado. Este sistema en cambio, no estaba adecuadamente protegido de las erosiones debidas al viento y la lluvia.

Bibliografía: (Alejandre, 2002); (Gárate, 1994)

 

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