Los albañiles de la antigua Roma denominaban mortarius, mortero, al recipiente en el cual amasaban y transportaban la mezla de pasta de cal y arena. Con el paso del tiempo, este nombre fue adoptado para designar a la propia mezcla, que se ha utilizado para la construcción de cimentaciones, muros, pavimentos y revestimientos hasta la aparición del cemento Pórtland. Hoy en día, los morteros de cal son utilizados para la rehabilitación y restauración arquitectónica debido a que éstos tienen una mejor compatibilidad con los morteros antiguos.

Se da la circunstancia que los morteros de cal aérea proporcionan, a diferencia de los conglomerantes hidráulicos como los morteros de cal hidráulica o de cemento, una permeabilidad al aire que se adecúa en mayor medida a las exigencias de salubridad y protección frente al ruido exigidas por el Código Técnico de la Edificación en los Documentos Básicos HS-1, HS-3 y HR. Esto es debido a que los conglomerantes aéreos tienen una porosidad mayor para permitir el paso del aire y la carbonatación de la cal aérea y, por tanto, ofrecen mayor permeabilidad al aire, lo que aporta mayor protección contra la humedad, permite una mejor ventilación y calidad del aire interior  y su porosidad confiere un mayor aislamiento acústico.

 


Bibliografía: (Adam, 1996); (ANCADE, 2008)