Los pavimentos se han confeccionado a lo largo de la historia generalmente mediante un lecho de arena sobre el cual se colocaba un mortero de cal para nivelar, y sobre éste las piezas que constituirían el pavimento en sí. El mosaico de Alejandro Magno encontrado en la Casa del Fauno, en Pompeya (Nápoles, Italia), estaba constituido por un acondicionamiento del suelo para un correcto saneamiento, una capa de mortero de cal con adición de chamota y carbón, tejoleta, otra capa de mortero de cal y un teselado de mosaico. (García, 1979)

Actualmente se emplea en raras ocasiones la cal para la confección de pavimentos, ya que en éstos toma gran importancia la impermeabilidad que se adquiere más fácilmente mediante un mortero de cemento. Aún así, existe el empleo de morteros de cal en la restauración, que siguiendo criterios de restauración, utilizan los morteros de cal para cubrir los espacios entre los fragmentos de opus tesellatum que aún se conservan en algunos pavimentos antiguos.


Bibliografía: (García, 1979)