En términos de restauración, resulta imprescindible conocer las características de un mortero existente, es decir, caracterizarlo, para que éste pueda ser reproducido con el fin de realizar las reparaciones convenientes en el sistema constructivo en cuestión, preservando tanto la compatibilidad de materiales como su apariencia original.

Para ello nos basamos en ensayos ya descritos anteriormente, tanto en el apartado de características de la cal como en el apartado sobre propiedades del mortero fresco y endurecido, así como en ensayos no mencionados hasta el momento que serán descritos a continuación.

Para la reproducción de un mortero existente en primer lugar se toma una muestra que se tritura para descohesionarla, sin quebrar sus componentes, y se le realiza una granulometría. las muestras retenidas en cada tamiz son observadas mediante lupa para determinar la forma de los áridos. Complementariamente, se realiza un microanálisis químico para determinar el origen del árido. Ésta se efectúa o bien rayando con un instrumento de acero el árido a estudiar, ya que si es calcáreo admitirá la rayadura y si es silícico permanecerá intacto, o bien aplicando mediante pipeta una disolución al 10% de ácido clorhídrico que reaccionará con los carbonatos cálcicos en caso de ser existentes en la muestra en cuestión. De este modo conocemos el tipo de árido y la curva granulométrica que fue empleado para su confección.

 

A continuación se realiza un análisis termogravimétrico de la fracción fina obtenida en el ensayo granulométrico. Éste consiste en realizar una rampa de temperatura al mortero objeto de estudio en un tiempo determinado automatizando la toma de datos sobre la variación de masa que éste experimenta. Debido a que cada material se descompone a una temperatura diferente, estudiando los porcentajes de variación de masa según la temperatura obtenemos los componentes que conforman el mortero en cuestión. Esto nos da, además, información sobre el tipo de aglomerante utilizado, ya sea cal aérea o hidráulica, ya que éstas también se descomponen a diferentes temperaturas. Se realiza además una difracción de rayos X para determinar con más exactitud la composición del mortero.

Finalmente, deben conocerse los valores de adherencia del mortero existente y de su reproducción, ya que éste debe tener una adherencia suficiente para realizar su función pero jamás debe ser más resistente que el muro que lo sostiene, tal y como se ha comentado repetidas veces en este trabajo.
En caso de tratarse de un mortero pigmentado, dichos pigmentos deben también ser caracterizados para garantizar una correcta reproducción del mortero. Por ello, se realiza una microscopía óptica y, en caso de tratarse de pigmentos orgánicos, se lleva también a cabo un IR, para determinar la composición de dicha materia orgánica.
En caso de tratase de un mortero para revestimiento, a lo anterior deberán añadirse ensayos para determinar la permeabilidad al vapor de agua, y al agua líquida – éste último sólo en caso de tratarse de un mortero monocapa, al cual se le exige impermeabilidad. También es recomendable realizar un KUVE en caso que vaya a colorearse el revestimiento. Se trata de  un sistema de ensayo en el cual se somete a la probeta a  los rayos ultravioleta y variaciones de humedad para prever las alteraciones que puedan producirse en el revestimiento.
 
Fuente: Laboratori de Materials