En el Renacimiento y Barroco destacan los estucos y revocos, y el uso de la cal para estos revestimientos.

Los revestimientos empleados durante esta época se diversifican en complejidad y color. En Italia, Borromini es un claro ejemplo del uso del relieve de esgrafiados sin la aplicación de color, dando importancia a la majestuosidad del estuco blanco, mientras que en Venecia destacó el uso del color y la superposición de estucados.

Otra práctica habitual de la época fue la construcción de todo tipo de elementos estructurales mediante ladrillo, el cual era revestido posteriormente para la imitación de piedra. Ésta se reservaba para los detalles más refinados. Incluso en Villa Rotonda de Andrea Palladio se utilizó el estuco para la realización de los pavimentos. En España la falta de recursos económicos exageraba dicha práctica, encontrando una considerable pobreza en los materiales de construcción utilizados, así como innumerables trompes d’oeil en las fachadas de la época.

En el Barroco europeo del siglo XVIII toman importancia los revestimientos interiores, tanto los muros como los complejos techos decorados mediante frisos de madera pintada, escayola, estuco, pinturas murales y telas, modificando la percepción del espacio arquitectónico y las perspectivas.

En el siglo XVIII se generalizó el uso de imitaciones italianas de mármol mediante estuco coloreado para las decoraciones interiores de las ricas viviendas europeas. El complejo estilo Rococó iniciado en Francia fomentó todavía más el uso de imitaciones en los estilos interiores.

Destacan en el ámbito español los esgrafiados catalanes, derivados de la arquitectura italiana barroca, con un gran auge durante los siglos XVII y XVIII. No será hasta el siglo XIX que se culminarán dichas técnicas en las fachadas modernistas, donde desaparecerá el esgrafiado en puntos localizados de la fachada y se realizarán esgrafiados continuos de mimetismo textil en toda la fachada.

Bibliografía: (Gárate, 1994); (Rossell, 2008)

 

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